Claudia Burr tenía 27 años cuando interpretó el personaje que la hizo conocida en todo el país, 10 años más que Isabel Margarita, la malcriada colegiala que la llevó a lo más alto de la fama televisiva.
“Hay mucho mérito de los guionistas, era un personaje muy rico, mirado desde cualquier aspecto… estaba lleno de enjundia. Era una chica mimada, rebelde, engreída… muy divertida”, recordó con humildad la actriz en una entrevista de 2016 en La Red.
Estúpido Cupido fue el primer trabajo en el canal público de la actriz formada en la Universidad Católica de Chile, una historia de época que tuvo tintes de megaproducción, se construyó un pueblo -con plaza y cine incluido- para representar con mayor realismo el país previo al Mundial de Fútbol de 1962. Una apuesta millonaria que resultó vencedora en un año particularmente competitivo. En 1995 TVN y Canal 13, los rivales habituales de la Guerra de las Teleseries, se enfrentaron a un inesperado tercer competidor: Mega, que aún no contaba con área dramática, pero tenía los derechos de transmisión de Morelia, la primera telenovela de Televisa y Univisión producida en Estados Unidos, con Cecilia Bolocco en el papel de la antagonista principal.
Isabel Margarita Dublé Arlegui, la hija consentida del alcalde, la niña rebelde del colegio de monjas, la jovencita agrandada que fuma a escondidas y no quiere salir con chicos de su edad, la de mirada coqueta y melena perfecta con las puntas hacia afuera -como Catherine Deneuve en Belle de Jour (Francia, 1967)- pudo ser un personaje estereotípico más, pero Claudia Burr supo exprimir y convertirlo en icónico. Le prestó a Isabel Margarita su sonrisa maliciosa y su mirada hipnotizante para convertirla en un nombre inmortal, en la chica caprichosa que enamoró a todo un país y 30 años después no podemos -ni queremos – olvidar.
“A mi me ha pasado algo singular, porque a pesar de hacer de una mala terrible, la gente al contrario, me felicita, me quiere y me estimula, me dicen tan mala, pero tan amorosa… al final he podido captar el corazón de la gente y que al final adorando la parte angelical de Isabel Margarita y comprendiéndola”, decía una sonriente Claudia Burr en una entrevista de 1996 a Alfredo Lamadrid, cuando la teleserie aún estaba al aire.
El curriculum de Burr suma más de una decena de teleseries, con interpretaciones tan destacadas como Eduarda Patiño en Aquelarre (TVN, 1999) o Matilde García en Tentación (Canal 13, 2004), pero es su papel de mala el que hasta hoy no logramos superar.
¿Cómo un personaje que se caracteriza por mentir y manipular logró tanta aceptación? “El encanto de los malos de las películas reside en que hacen lo que nosotros haríamos si tuviéramos el valor”, dijo en una célebre columna en The Boston Globe (2015) el reconocido crítico Ty Burr, quien coincidentemente comparte apellido con nuestra Claudia.
“La ficción funciona como una red de seguridad cognitiva, permitiendo que nos identifiquemos con los malos sin dañar la imagen que tenemos de nosotros mismos”, explicó Elena Jiménez, psicóloga clínica, en el sitio especializado en bienestar WeLife.es
Nos encantamos con Isabel Margarita porque hizo -sin culpa ni remordimientos- todo lo que nos hubiera gustado hacer en nuestra adolescencia: fumar a escondidas, engañar a las monjas del colegio o a los profesores para salir de clases, manipular a tus padres para conseguir todos tus caprichos, ir a escondidas a una fiesta, ser un rebelde sin causa, vivir el momento sin pensar en las consecuencias…. Todos quisimos ser un poco como Isabel Margarita, por eso no podemos, ni queremos, olvidarla.






























